“Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.”

1 Corintios 15:21-22

Nuestro padre terrenal Adán, nos dejó una herencia de pecado, muerte, culpa, temor, verguenza y condenación. Por otra parte, por medio de Jesucristo, recibimos una herencia de perdón, de salvación, y de justificación y de vida eterna. Lo que se perdió con el primer Adán, se recuperó con Jesucristo.

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Lucas 19:10

Jesucristo pagó el precio que el hombre debía pagar por su pecado: la muerte. Él cumplió la ley durante toda su vida para cumplir el requisito de ser inocente y poder así, morir por el culpable. Siendo todo Dios y todo Hombre, pudo cargar en su cuerpo el pecado de la humanidad, pecados pasados, presentes y futuros, pues solo alguien eterno, podía pagar por la eternidad ese precio.

Adán, como nuestro representante terrenal, nos une a lo terrenal, y cuando él pecó, toda su descendencia heredó su pecado y la muerte que le acompaña. Adán es el padre de una humanidad caída. De forma opuesta, Jesucristo, siendo de arriba, nos une a lo celestial. Juan 8:23-24 “Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.”

Jesucristo es el representante de una humanidad redimida, y cuando él murió, todos los que creemos en él, morimos con él; la condena ya está pagada, declarándonos inocentes. Así mismo, cuando él resucitó como nuestro representante, todos los que creemos en él, también viviremos con él.

“Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.”

Romanos 5:17

¿Donde desea pasar la eternidad? La decisión es suya. Solamente requiere un acto de fe: arrepentirse de sus pecados, creer con su corazón esta obra de Jesucristo a su favor y confesarlo como su Señor y Salvador y recibirá la herencia de la vida eterna.