Fue el profeta Isaías, quien nos reveló 750 años antes de su acontecimiento, la promesa del regalo de Dios para el mundo, el nacimiento de Jesús: «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.» (Isaías 9:6).
Es a través de Jesús que todas las bendiciones de Dios son otorgadas al hombre por pura gracia. Como nos lo dice el apóstol Juan, «Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.» (Juan 1:16-17).
Jesús mismo se reveló a sí mismo, con el mismo nombre que se reveló Dios a Moisés, el gran Yo Soy: «Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.» (Éxodo 3:14):
- El pan de vida: «Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.» Juan 6:35.
- La puerta de salvación: «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.» Juan 10:9.
- El buen pastor: «Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.» Juan 10:11.
- La luz del mundo: «Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.» Juan 8:12.
- La resurrección y vida: «Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.» Juan 11:25
- El camino y la verdad: «Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.» Juan 14:6.
- El Cristo: «El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.» Marcos 16:21-22.
Jesucristo es el regalo de Dios para nuestra nación y el mundo entero:
«Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.» Filipenses 4:19-20
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