“Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17).

Las únicas cosas que van a perdurar, son las cosas de Dios, ¡y punto! El mundo está pasando, nuestros días se van “volando”, y un día, todos abandonaremos esta tierra, tal como la conocemos. Verá, no somos ciudadanos de la tierra tratando de llegar al cielo. Somos ciudadanos del cielo peregrinando en la tierra. Este mundo no es nuestro hogar. 

¿Está usted viviendo para los placeres de la carne, o para el gozo del Espíritu? ¿Está viviendo para la alabanza de los hombres, o para la gloria de Dios? ¿Está usted viviendo para hoy, o viviendo para la eternidad? ¿Está viviendo para las cosas que se pueden ver, o para las cosas que no se pueden ver?

Uno de estos días, este viejo mundo con todas sus elevadas culturas, sus orgullosas filosofías, egocéntrico intelectualismo e impío materialismo, va a ser olvidado. Pero los que hacen la voluntad del Señor vivirán para siempre.

“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra”. Hebreos 11:13

Y para usted, ¿cuál es el propósito de su vida?