“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.”

Hechos 16:31

Un creyente no es una persona que sencillamente cree que Cristo murió por sus pecados. El diablo cree eso. Un creyente es una persona que se ha ARREPENTIDO de sus pecados y ha INVITADO a Jesucristo a entrar en su corazón como Salvador y Señor. Usted puede creer intelectualmente que un avión puede volar, pero para poder volar usted debe probar sus alas.

De la misma forma, cuando usted entrega su corazón al Señor Jesucristo, Él toma el control de su vida y comienza a hacerle la persona que Él desea que usted sea. Su vida no necesita ser absolutamente perfecta para que usted pueda ir al cielo. Jesús dijo, «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Marcos 2:17).

En el momento que usted recibe a Cristo como su Salvador personal, el toma sus pecados y le imputa su justicia, «porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, (1 Pedro 3:18). En ese momento, usted está eternamente salvo, eternamente seguro y Dios empieza a trabajar en usted, en su espíritu, y lo trasforma en una nueva persona, «porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados» (Hebreos 10:14).

La Biblia dice que la paga del pecado es la muerte del pecador. Jesucristo vino a morir en sustitución de todo aquel que reconoce que es pecador y acepta el perdón que Dios le ofrece por medio de Cristo. La salvación es un regalo que puede ser rechazado (por incredulidad) o aceptado (por medio de la fe), pues Dios respeta el libre albedrío del hombre. ¿Qué piensa hacer usted con este regalo?

¿DESEA USTED SER SALVO?

Romanos10:8-10 «Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.»

Confiese hoy a Jesucristo como Señor de su vida y reciba el regalo de la salvación que Dios le ofrece, por medio de él.