“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.”

Juan 6:35

Jesús se comunicaba con la gente a través de parábolas, metáforas y analogías. Él se expresó de sí mismo, como el pan de vida, la puerta que lleva al cielo, la vid verdadera, la luz del mundo, el Pastor de las ovejas.

En esta ocasión, Jesús dijo ser el pan que da vida eterna al hombre pecador. “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.” Juan 5:51

Jesús no se refería a un pan físico, sino a un pan espiritual, “Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.” Juan 6:32. El pan que recibieron en el desierto con Moisés, era un pan físico, que daba vida la cuerpo. El pan que recibiríamos de Jesús, es un pan celestial, que daría vida al espíritu. Y el pan al que se refería Jesús era a su carne, es decir su vida, que sería entregada para morir en sustitución de los pecadores, que fue la obra expiatoria que realizó en la cruz.

El mismo Jesús nos explica en este versículo lo que significa comer su carne y beber su sangre: “El que a mi viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. Comer significa “venir a Jesús”, y beber significa “creer en él”.

La pregunta es ¿cree usted en Jesús? ¿está usted dispuesto a ir a él y seguirlo? Jesús dijo, “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” Mateo 16:24