No hay duda de que el nuevo año es incierto, y no sabemos lo que trae consigo, pero sí sabemos y podemos estar seguros de que, ya está en las manos de Dios, pues el futuro le pertenece, y, por lo tanto, solo cosas buenas podemos esperar de un Dios bueno,como bien dijo el apóstol Pablo,“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:9)

El pueblo Hebreo, pasando en el desierto, al salir de Egipto, tuvo todo lo necesario para vivir, aún en medio de la incertidumbre y escasez que el desierto representaba, pues el mismo Dios que los sacó, también les proveyó, les instruyó, les protegió y los guió hacia la tierra prometida. De igual manera, Dios cuida hoy de su pueblo, y aunque haya sequía a nuestro alrededor, nuestra hoja estará verde, pues él es fiel a sus promesas y es el mismo de ayer, de hoy y siempre. 

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar;y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar,y todos comieron el mismo alimento espiritual,y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.

Jesucristo ha sido y será siempre, el canal de bendición de Dios para el hombre a través de las promesas del nuevo pacto. “Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres,” (Romanos 15:8). 

No importa lo que pase a su alrededor, ni el tamaño que tenga su desierto, Dios es capaz de sacar agua de la roca, librarlo de aquello que lo atemoriza y llevarlo a una tierra de paz y bendición, por medio de Jesucristo: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Amén.