“Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.”

1 PEDRO 3:8-9

La vida tiene leyes establecidas por Dios, y el apóstol Pedro nos dice que el cristiano fue llamado para heredar la bendición por medio de nuestro Señor Jesucristo. Sembrando bendición, es que se cosecha de sus frutos.

El mal se vence con el bien, eso fue lo que Cristo hizo cuando destruyó las obras del diablo. Se entregó a la muerte, siendo inocente, para pagar el precio del culpable, y deshacer la obra de Satanás, como bien lo dice el apóstol Juan, “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.” (1 Juan 3:8).

Busquemos la bendición de Dios, guardando sus leyes en nuestros corazones y poniéndolas en práctica con nuestro prójimo y seremos bienaventurados.